Según la OMS, más de 700 mil personas se quitan la vida cada año en el mundo. En Argentina, el suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes. Hablar de esto no provoca más casos: ayuda a prevenirlos.
Desde 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), estableció esta fecha con el objetivo de concientizar y promover acciones para prevenir esta problemática.
De esto SÍ se habla
Durante mucho tiempo, hablar de suicidio fue un tabú. Una de las razones era la falsa creencia de que mencionar el tema podía generar un “efecto contagio”: que hablar de suicidio podía llevar a otras personas a imitar esa conducta.
En otros casos el estigma y la culpa llevaron durante años a muchas familias a ocultar la verdadera causa de una muerte. En algunas culturas y religiones, el suicidio fue considerado un pecado, un delito o una vergüenza familiar. Así, el tema se “ocultaba bajo la alfombra” y dejaba de hablarse.
También faltaban herramientas para abordar la problemática. Sin una mirada integral sobre la salud, el sufrimiento muchas veces era interpretado desde el juicio moral y no como una crisis que requiere acompañamiento y asistencia
Durante mucho tiempo, además, se buscó una única causa. Como si existiera un motivo capaz de explicar por sí solo una decisión tan compleja. Hoy sabemos que no es así. Son múltiples y diversos los factores que pueden atravesar la vida de una persona que toma una decisión así. Y cuando no se comprende el problema, la prevención queda afuera de la ecuación.
Actualmente los especialistas demostraron que hablar sobre suicidio de manera responsable no aumenta los casos. Por el contrario, permite abrir canales de comunicación e identificar señales de alerta a tiempo.
Hablar para desactivar el silencio
Septiembre Amarillo es una campaña de prevención del suicidio y de concientización sobre el cuidado de la salud mental. Busca poner en palabras aquello que durante años permaneció en silencio: reducir la vergüenza, romper estigmas y cuestionar prejuicios y tabúes.
Hablar de salud mental y suicidio es reconocer que estamos frente a un problema urgente de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Es entender que la salud mental requiere un abordaje integral, que no es solamente ir a terapia. Nuestra salud está atravesada por múltiples factores: el contexto económico, los vínculos, el trabajo, las condiciones de vida y las redes de apoyo, entre muchos otros.
Hablar permite algo fundamental: que una persona pueda expresar su sufrimiento. Poner en palabras aquello que lo está atravesando y soltar el peso de una carga que se volvió insoportable.
Una responsabilidad colectiva
Estamos frente a una problemática que por un lado requiere un abordaje multifactorial: comprender las tramas vinculares, los contextos de crisis socioeconómica y las cuestiones culturales, como la discriminación, la violencia o la pérdida de espacios de presencialidad. Y por el otro, es fundamental pensar en las responsabilidades de los distintos actores e instituciones: el Estado, la familia, las instituciones educativas y el sistema de salud. Esto permite hacer una revisión para encontrar puntos de quiebre y trabajar en ellos desde la prevención.
Fortalecer los vínculos, reparar el tejido social, volver a los espacios comunitarios y ampliar el acceso a la atención de la salud mental son medidas centrales para evitar que alguien tenga que enfrentarse a atravesar una crisis en soledad. La prevención requiere recursos, continuidad, el compromiso social y políticas públicas que no se centren únicamente en lo individual; sino en la construcción colectiva de todos los actores sociales.
¿Qué podemos hacer?
Si sos la persona que está atravesando una situación de angustia, buscá a alguien con quien puedas hablar. Puede no ser tu pareja, tu mejor amigo o alguien de tu familia. Lo importante es encontrar a alguien con quien te sientas seguro para abrirte y hablar con honestidad. Alguien que pueda escucharte.
Si sos quien está del otro lado, acompañando y conteniendo, escuchá activamente y sin juzgar. A veces, la persona no necesita un consejo, una opinión o una solución inmediata. Necesita poder decir lo que le pasa.
No presiones. No minimices. No juzgues. Cada persona atraviesa sus procesos de una manera diferente y tiene sus propios tiempos.
Hablar puede abrir una puerta. Escuchar puede ser el puente para que alguien no tenga que atravesar su sufrimiento en soledad.
Si necesitás ayuda, te podés comunicar al 0800-222-5462, al 107 o al 2241-409070.
Guía de recursos y centros de atención: linktr.ee/saludmentalysaludsinviolencias
