A través del mismo se propone un espacio de disfrute y expresión, donde sus participantes construyen vínculos y contenidos desde una mirada colectiva
El Centro de Día de Salud Mental y Adicciones Municipal es un espacio de acompañamiento y abordaje terapéutico para personas que atraviesan situaciones vinculadas con la salud mental y los consumos problemáticos, así como para sus familiares y allegados.
Con sede en el CIC 30 de Mayo, un equipo interdisciplinario, dirigido por la Licenciada Liliana Correa, desarrolla distintas propuestas orientadas a favorecer el bienestar y la construcción de vínculos.
Entre esas iniciativas funciona un particular taller de streaming que, lejos de tener como principal objetivo la producción de contenidos, encuentra su mayor valor en lo que sucede puertas adentro. Hablamos de la posibilidad concreta del encuentro entre sus participantes, el intercambio, el juego, asumir roles y la construcción de una tarea compartida.
“El taller de streaming es uno de los dispositivos del Centro de Día. El Centro de Día trabaja con la salud mental de los usuarios que participan. La idea es que las personas que van puedan aumentar su calidad de vida, puedan adquirir herramientas y tener la posibilidad de generar condiciones que incentiven el bienestar en ellos”, explica el psicólogo Juan Manuel Rodríguez, integrante del equipo profesional.
La cámara, los micrófonos, las conversaciones y los roles funcionan así como herramientas para habilitar otras experiencias. Expresarse, escuchar, debatir, ponerse de acuerdo y trabajar con otros se convierten en parte central del proceso.
“También secundariamente la idea es aportar herramientas y el ejercicio para que ellos puedan expresarse, para que puedan vincularse con una tarea como excusa, pero además con la posibilidad de generar el ejercicio de vínculos y de lazos que son un poco más complejos que los de la vida cotidiana”, explica el profesional.
Y es justamente esa tarea compartida la que permite que cada participante encuentre un lugar dentro del grupo. “En este caso hay una tarea que los une, que los motiva, que les hace asumir un rol y eso es súper importante para nosotros”, destaca Rodríguez.
“El tornillo que faltaba” fue tomando forma como expresión del trabajo colectivo
El taller nació como continuidad de una experiencia iniciada algunos años atrás, a partir del trabajo conjunto con el psiquiatra Carlos Tisera y un colectivo de jóvenes dedicado a generar charlas de concientización sobre el suicidio adolescente y la prevención, denominado TADES.
A partir de aquella articulación surgió la necesidad de avanzar en la generación de contenidos audiovisuales. Con el tiempo, la experiencia se trasladó al Centro de Día y comenzó a construirse junto con los usuarios que participan cotidianamente del espacio.
Así nació “El tornillo que faltaba”, el programa que terminó adquiriendo identidad propia a partir de las ideas y aportes de quienes forman parte del taller. “Primero fue el nombre, después fuimos buscando también algunos rasgos de identidad, trabajamos el logo, algunas cuestiones que tenían que ver con los roles, quién iba a participar en cámara, quiénes iban a trabajar más en relación con lo que es el armado”, relata Rodríguez.
Pero, con el correr de los encuentros, el programa fue encontrando una identidad que no estaba escrita de antemano. Se construyó a partir de las conversaciones, los intereses, los códigos y también el humor de sus protagonistas.
El propio tallerista, lo sintetiza así: “Es un espacio en el que se divierten, dialogan entre ellos, discuten posiciones y también se crean pavadas, chistes, códigos del programa y también cosas por ahí un poco más complejas”, cuenta el psicólogo.
Entre esas producciones aparece una particularmente significativa: los “10 mandamientos de la salud mental”, una construcción colectiva que surgió de las propias conversaciones y de las diferentes miradas de quienes participan.
La propuesta también permitió recuperar las experiencias, creencias y valoraciones personales de sus integrantes. “Una de las características de este espacio es justamente respetar los gustos, las valoraciones que cada uno trae y es a partir de eso que surge esto de los 10 mandamientos de la salud mental”.
La elaboración de ese contenido constituye, para el equipo, una experiencia enriquecedora porque invita a reflexionar sobre el cuidado propio y el de los demás.
El valor está en lo que se construye durante el taller
Además de las producciones colectivas, el espacio permite recuperar historias personales y transformarlas en nuevos contenidos. Entre los proyectos que todavía se encuentran en proceso aparece, por ejemplo, el relato de un viaje en moto realizado por uno de los participantes desde Chascomús hasta La Pampa, registrado a través de imágenes y una narración en primera persona.
Son experiencias que permiten que las historias y capacidades de quienes participan encuentren un canal de expresión. Sin embargo, para el equipo que lleva adelante la propuesta existe una premisa fundamental: “La prioridad está en lo que sucede entre los participantes en ese espacio y no en la producción para afuera”, remarca Rodríguez.
Así, entre cámaras, conversaciones, debates, humor y proyectos compartidos, el taller de streaming del Centro de Día construye un espacio donde la comunicación se convierte en una herramienta terapéutica para el encuentro.




